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jueves, 12 de noviembre de 2015

SÍNDROME COMPARTIMENTAL

Para entender el concepto, debemos explicar antes lo que son las fascias, en términos anatómicos.

Una fascia es una envoltura de tejido conjuntivo que separan uno o más músculos en los brazos y en las piernas. De esta forma, diferentes grupos de músculos están aislados unos de otros.


Esta fascia es inalterable, no se expande, por lo que cualquier inflamación puede producir problemas en los músculos, nervios y vasos del cuerpo. 
Esto es porque aumenta la presión y, como la fascia no cede, se producen inflamaciones por contacto directo.




¿Por qué pasa?
Es común que esto suceda debido a algún traumatismo, aunque también es frecuente que se produzca por realizar actividades repetitivas com puede ser correr.

Muy frecuentemente no dejamos que los músculos se recuperen después de realizar determinadas actividades físicas, sobre todo las que son intensas. Cuando debido a la compresión se compromete la cantidad de oxígeno, los músculos pueden sufrir las consecuencias.

SACROILEITIS

Se trata de que la articulación sacroilíaca se encuentra inflamada, es decir, está inflamada la zona entre el sacro y el íleon.

Contamos con dos articulaciones sacroilíacas, pero la lesión no tiene por qué ser bilateral. Puede darse tanto en una articulación como en las dos, pero no necesariamente en las dos a la vez.




¿Cual es la función de las articulaciones?
Unen la pelvis con la columna vertebral. Gracias a ligamentos se estabilizan y permiten el movimiento de los huesos de la zona, como son el sacro. Este puede rotar y contranutarse.

Diagnóstico
En general suele ser difícil. 
No suele verse con una radiografía, por lo que es común que a pesar de realizar determinadas pruebas no se encuentre nada. Mientras tanto, la inflamación continúa y se produce irritación y desgaste de la articulación.

Causas
La más común es debida a traumatismos, todo tipo de sobreesfuerzo en la zona que fuerce a las articulaciones a moverse. Se pueden producir también microtraumatismos en entrenamientos o actividades deportivas forzadas.
También se debe a malas posturas, ya que cada persona tiene sus costumbres. Sentarse mal, malas posturas a la hora de estudiar, forma de andar, forma de agacharse... todo influye.

Por supuesto, la artrosis es determinante, cuando se produce desgaste del cartílago de una articulación y continúa la reacción de inflamación.

Y por último, aunque parezca muy curioso, el embarazo es una de las causas. Esto es porque las mujeres embarazadas soportan mucho peso en las zonas lumbares, provocando un arqueamiento de las zonas. Entonces, el sacro recibe toda la presión y comienza a desplazarse hacia delante.



A mayores, determinadas hormonas que se producen exclusivamente en el embarazo afectan a los ligamentos encargados de estabilizar estas articulaciones. Esto es beneficioso para el momento del parto, pero no para el día a día.

Síntomas

Dolor en la zona. En ocasiones puede irradiar el gluten, cadera o pelvis.
Si estamos mucho tiempo de pie, notaremos como va en aumento este dolor.
Puede ser que cuando este es muy intenso, nos produzca pérdida de movilidad, ya que se producirán contracturas en el músculo de las articulaciones que nos harán sentir un gran dolor al movernos. De ahí la incapacidad de andar.

Tratamiento
La fisioterapia es utilizada para acelerar el proceso. También ayuda a rebajar el nivel de dolor y relajar los músculos.



Una vez notemos mejoría, nos centraremos en el fortalecimiento de las zonas .
Se recomendará un cierto grado de reposo: no levantar pesos y dejar a un lado el deporte durante un tiempo.




¡No te asustes! Que solo va a ser por un tiempo. En cuanto la zona se recupere puedes volver a tus actividades físicas normales. 
Aún así, no te confíes. Que dejes de tener dolor no significa que estés recuperado. No queremos que exista una fase de mejora y que una semana después recaigas.

lunes, 9 de noviembre de 2015

TRAUMATISMOS DE LA MANO

En el mundo del deporte, ninguna parte de nuestro cuerpo está exenta de sufrir daños, sin necesidad de que haya estricto contacto entre participantes. Hasta un corredor puede hacerse daño en un hombro por una mala caída, por ejemplo.

Por ello, vamos a hablar sobre cómo se tratan los posibles traumatismos en la mano, ya que es una parte que tiende a sufrir siempre alguna lesión, ya sea por golpear algo, caída, esguince, luxación...

Sin embargo, en esta entrada veremos como se tratan los traumatismos más simples y comunes, a pesar de que puedan traer consigo una lesión mayor que requerirá un tratamiento más específico.

¿Qué hacer?

Cuando nos encontramos ante un traumatismo en una mano, lo primero es valorar la extensión de la propia lesión y ver a qué otras estructuras afecta, posibles huesos, articulaciones, tejidos blandos (como músculos, ligamentos o tendones) etc.

Lo más seguro es que se produzca edema así que lo siguiente es prestarle especial atención a esto e intentar solventarlo. También debemos observar si hay herida, es decir, rotura de la piel, caso en el que buscaríamos limpiar, desinfectar y cubrir la zona para evitar su contaminación. Además, hay que mantener la movilidad de todas las articulaciones si ninguna ha sufrido daños. 

Inmovilizaremos la mano durante 48 horas para guardar el reposo exigido y durante este tiempo, aplicaremos hielo 4 veces al día durante 15 minutos. La mano deberá tener compresión con un apósito en la zona del traumatismo y no olvidemos elevarla por encima del hombro para tener el edema totalmente controlado. Mientras, realizaremos ejercicios de movimiento activo para las articulaciones que no se vean comprometidas (dedos, muñeca, codo u hombro).

Una vez pasadas estas 48 horas, podemos empezar a aplicar calor en la mano en forma de parafina, o simplemente con baños de agua caliente y sal para que consiga un efecto sedante y reducir de esta forma el dolor. Esto también puede solucionarse con hielo encima del edema, si aún persiste, sabemos que tiene efecto analgésico.

Otra opción es hacer baños de contraste, poniendo dos cubos de agua, una fría con hielo y otra muy caliente. Sumergimos la mano 2 minutos en cada cubo y acabamos siempre en agua fría. Empezar a mover la mano mientras la tenemos sumergida.

Después procederemos con los masajes para favorecer la circulación de la mano. También se pueden emplear otro tipo de terapias alternativas como electroterapia (con corrientes), acupuntura, ultrasonido...pero estas sólo si se considera necesario.


Comenzaremos a movilizar la mano, con ejercicios primero generales y progresivamente volviéndolos más específicos. No debemos forzar hasta que duela solo por acelerar el proceso, ya que puede irritar la zona. Si al acabar hay dolor, aplicamos hielo para analgesia.