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lunes, 9 de noviembre de 2015

TRAUMATISMOS DE LA MANO

En el mundo del deporte, ninguna parte de nuestro cuerpo está exenta de sufrir daños, sin necesidad de que haya estricto contacto entre participantes. Hasta un corredor puede hacerse daño en un hombro por una mala caída, por ejemplo.

Por ello, vamos a hablar sobre cómo se tratan los posibles traumatismos en la mano, ya que es una parte que tiende a sufrir siempre alguna lesión, ya sea por golpear algo, caída, esguince, luxación...

Sin embargo, en esta entrada veremos como se tratan los traumatismos más simples y comunes, a pesar de que puedan traer consigo una lesión mayor que requerirá un tratamiento más específico.

¿Qué hacer?

Cuando nos encontramos ante un traumatismo en una mano, lo primero es valorar la extensión de la propia lesión y ver a qué otras estructuras afecta, posibles huesos, articulaciones, tejidos blandos (como músculos, ligamentos o tendones) etc.

Lo más seguro es que se produzca edema así que lo siguiente es prestarle especial atención a esto e intentar solventarlo. También debemos observar si hay herida, es decir, rotura de la piel, caso en el que buscaríamos limpiar, desinfectar y cubrir la zona para evitar su contaminación. Además, hay que mantener la movilidad de todas las articulaciones si ninguna ha sufrido daños. 

Inmovilizaremos la mano durante 48 horas para guardar el reposo exigido y durante este tiempo, aplicaremos hielo 4 veces al día durante 15 minutos. La mano deberá tener compresión con un apósito en la zona del traumatismo y no olvidemos elevarla por encima del hombro para tener el edema totalmente controlado. Mientras, realizaremos ejercicios de movimiento activo para las articulaciones que no se vean comprometidas (dedos, muñeca, codo u hombro).

Una vez pasadas estas 48 horas, podemos empezar a aplicar calor en la mano en forma de parafina, o simplemente con baños de agua caliente y sal para que consiga un efecto sedante y reducir de esta forma el dolor. Esto también puede solucionarse con hielo encima del edema, si aún persiste, sabemos que tiene efecto analgésico.

Otra opción es hacer baños de contraste, poniendo dos cubos de agua, una fría con hielo y otra muy caliente. Sumergimos la mano 2 minutos en cada cubo y acabamos siempre en agua fría. Empezar a mover la mano mientras la tenemos sumergida.

Después procederemos con los masajes para favorecer la circulación de la mano. También se pueden emplear otro tipo de terapias alternativas como electroterapia (con corrientes), acupuntura, ultrasonido...pero estas sólo si se considera necesario.


Comenzaremos a movilizar la mano, con ejercicios primero generales y progresivamente volviéndolos más específicos. No debemos forzar hasta que duela solo por acelerar el proceso, ya que puede irritar la zona. Si al acabar hay dolor, aplicamos hielo para analgesia.















sábado, 24 de octubre de 2015

LESIONES EN EL TÓRAX

Las lesiones en las costillas son frecuentes, sobretodo, en personas que realizan deportes de contacto ya que éstas se producen en su mayor parte por golpes, caídas, traumatismos... Es decir, no son lesiones del tipo inflamatorio y que se puedan prevenir calentando y estirando. (Que sin duda ayuda igual).

Esto es porque el tórax es una zona delicada del cuerpo, los huesos que lo forman (las costillas) son huesos delgados y los músculos que hay entre ellas (intercostales) no son de mucho grosor. 

Un traumatismo en el tórax puede acarrear solamente una contusión costal o que ésta vaya acompañada también de una costilla fracturada.

En caso de que sólo tengamos una contusión costal, habrá desgarros o simplemente elongaciones de las fibras que forman los músculos intercostales. Habrá dolor en momentos posteriores a que se produzca el traumatismo, dolor que se intensificará al girar lateralmente el tronco o al realizar inspiraciones profundas.

El tratamiento a seguir en este caso es reposo, pero no muy exagerado. Basta con evitar mover la zona del tórax dañada y aplicar corrientes y hielo como método analgésico. Lo ideal sería realizar masajes para evitar las contracturas, masajes más profundos si hay desgarros musculares y utilizar un vendaje compresivo para que los músculos intercostales no se encuentren distendidos. Además, convendría hacer ejercicios para aprender a respirar por el abdomen en lugar del tórax y para regular el ritmo respiratorio de forma que sea efectivo. Y por supuesto, corregir la postura.

Radiografía de fractura en costillas
El otro caso es que llegue a fracturarse o a fisurarse alguna costilla. Es evidente que cuantas más costillas rotas, la gravedad es mayor. Además, si la rotura de estos huesos es muy grande, pueden astillarse y llegar a cortar algunos de los órganos que tiene dentro del tórax.

La rotura de costillas suele ser causada por un golpe a este nivel, no sólo por movimiento como sería en el caso de la contusión. Lo más frecuente es que lleguen a romperse una o dos costillas.

En este caso, lo que más problema da es el dolor (si ningún órgano se ve comprometido, claro está). Puede llegar a haber molestias incluso en una respiración leve, por eso las personas que la sufren, tienden a respirar de forma dificultosa, con muy poca profundidad y muy rápido. Esto sí que puede traer consecuencias a mayores y por eso en lo que hay que centrarse es en eliminar el dolor con analgésicos.

Cuando esto está controlado, empezamos con la rehabilitación. En ella, se realizarán sobretodo ejercicios de respiración en los que se aprenda a respirar, como en el caso anterior, con el abdomen. 

Además, hay que tener cuidado al toser y al estornudar, ya que en estas acciones se incluye una movilidad en el tórax brusca y hay que aprender a proteger las costillas de esto.